26/2/10

Olvido es tu nombre.

Con qué facilidad dejas caer los recuerdos de tus bolsillos,
ignorando que camino tras tu sombra para recogerlos
y devolverles su justo espacio.

Mimo en mi memoria a nuestros recuerdos,
los calmo,
los acuno,
los dejo dormidos y arropados.
Hasta que en días como hoy despiertan para susurrarme,
-muy despacito-
que no tienen intención de abandonarme.

Olvido es tu nombre y sin embargo,
en cada letra que escribes al firmar,
escondes el miedo
de aquel que no sabe caminar
sin mirar al pasado con nostalgia.





Victoria Mera.


(Poema publicado en la revista literaria "Generación espontánea", nº8, 2010)

7/2/10

Esa puta manía tuya de ir contracorriente, mon enfant,
nos va a llevar al mismo infierno.




Victoria Mera.

6/2/10

Contra(ti)empo.

He descubierto que la aleatoriedad siempre me lleva a tus pestañas,
que por más que viaje hacia tus labios en un poema de Montero
la realidad de este febrero no es tangible sin ti,
y que además, los taxistas de esta ciudad, ya no responden a mis silbidos.
-Supongo que para evitar ese trayecto fantasma
que trazo en mis pensamientos directo a tus sábanas-.




Victoria Mera.


(Poema publicado en la revista literaria "Ágora, papeles de arte gramático", boletín digital nº23 y edición impresa Primavera 2011).

Declaración de principios.

Creo que voy a empadronarme en tu piel.




Victoria Mera.

Juego imposible.

- Veo, veo.
- ¿Qué ves? - Pregunté entusiasmada.
- Una puerta.


Y sin más explicaciones te largaste por ella.

Podría haber sido así.
Salvo que esto no es un juego
y que tu portazo aún retumba en mis latidos.




Victoria Mera.

Ventana indiscreta.

No olvides nunca que yo siempre seré tu Grace Kelly y tú mi James Stewart y que estemos donde estemos siempre habrá una ventana indiscreta desde la que buscarnos.








Victoria Mera.

Shakespeare.

Voy a explicarte algo:
Shakespeare ya escribió todo lo posible
sobre amores trágicos.
Así que no me vengas con milongas
e invéntate otro infierno para nosotros.




Victoria Mera.

Pecados capitales, II.




Liga que aprieta el fino muslo de Lujuria,
liga que se pierde bajo las sábanas de un amante esquivo.

Lujuria
quiere ser madre,
pero no encuentra a nadie que le satisfaga
en los asuntos del amor.




Victoria Mera.

Corazón-Coltrane.


Tengo 24 años,
206 seis huesos,
5 sentidos
y un único corazón que late
a ritmo de jazz.

Me faltan corazones para querer
tus años,
tus huesos,
tus sentidos
y tu único corazón
que late a ritmo de vals.

Me sobran, no obstante,
las ganas de quererte.

¿Te conformarás con esto;
con que te quiera con mis 24 años,
mis 206 huesos,
mis cincos sentidos
-sobre todo el tacto-
y mi corazón-Coltrane?




Victoria Mera.

Del ejercicio de ser poeta en camas ajenas.


Fui poeta en cama de todos los hombres
que no se atrevieron a amarme.
La facilidad con la que iba dejando mis palabras
en su piel era asustante,
lo reconozco.

El caso es que mientras hacíamos el amor,
más de una vez se me escapó un poema de Cernuda
y mis amantes, boquiabiertos,
sólo atinaban a decir:
“no pares”.

Hubo alguno que supo entenderme.
Y entonces, hacer el amor,
era una orgía de palabras,
un vaivén de poemas
que se perdían en el dormitorio.

Como se perdieron tus instintos más primarios
dentro de mí aquella noche
donde habitábamos el olvido.




Victoria Mera.

Masoquismo léxico.

Las palabras no debería tener significados, simplemente existir.
Estoy segura de que así dolerían menos.

Sentido. Significado.

El ser humano es un animal racional.

Sentido. Significado.

El ser humano es un animal masoquista por naturaleza.




Victoria Mera.

Puntos suspensivos.

Apaga esa luz. Creo que el café aún está caliente. Ven, siéntate aquí conmigo. Déjame que apoye mi cabeza en tu hombro. Estoy tan cansada. Te prometo que si cierro los ojos sólo veo palabras. Mira, acércate. Si hago así, mis manos parecen las portadas de un libro y si te fijas bien, en la palma de mis manos está escrita nuestra historia. Dices que esta luz apenas te deja ver, pero que crees que hay un punto final. Te digo que es un lunar. Te ríes tan fuerte que la vela se apaga y nos quedamos con las ganas de saber qué dicen mis manos de lo nuestro. Me asalta entonces el recuerdo de tu boca en su boca y no puedo evitar dar un brinco, suspirar y dejarme caer en el suelo apoyando mi cabeza en tus piernas. Hablas del trabajo, del aburrimiento y del frío. Se te escapa su nombre. Tras un largo silencio me dices que eres muy feliz conmigo. Y yo solo pienso en las veces que ella escuchará las mismas palabras. ¿Me crees? Claro. Cómo no iba a creer yo tus mentiras, pienso. Miénteme con tal de que yo lo sepa. Vuelves a hablar del frío, de esto y de aquello. Hace rato que dejé de escucharte. Perdona. Cojo un bolígrafo y dibujo dos puntos junto a mi lunar. Siempre he preferido los puntos suspensivos, nunca el punto final.





Victoria Mera.

...

Ayer
estuve
esperándote
toda
una
vida.




Victoria Mera.