24/3/10

Puente.

Creo conveniente que me tiendas tu mano,
que insistas en enmudecer las voces
sobre las que solíamos caminar
como un par de funambulistas desorientados
sin arneses que sujetaran nuestras intenciones y lamentos.


Hoy vuelvo a subirme en el eco de aquel hilo
incapaz de aguantar el peso de nuestros corazones
y que sin embargo nos sirve de puente,
para decirte en un idioma inventado para ti

Que quiero que estés del otro lado,
que me esperes al cruzarlo.
Yo, que una vez fui mujer puente,
hoy tan sólo pretendo seguir su paso




Victoria Mera.

Encuentro fortuito.

Sucedió en un café perdido, de una calle sin nombre en cualquier ciudad de sueños y cielos grises.
Hopper no se hubiera atrevido a retratar a aquella chica triste de altos tacones y cortas esperanzas.
Bogart hubiera rechazado la oferta de interpretar a ese canalla que fumaba y bebía dejando su pasado oscuro en la barra de aquel bar.
En el tocadiscos, Bessie Smith arañaba el silencio cantando "I wanna be somebody's baby doll" convirtiéndose así en banda sonora de aquel encuentro fortuito.








Victoria Mera.

21/3/10

Día de...

Me parece maravillo que hoy, día Internacional de la poesía, no se me haya ocurrido escribir ni un verso. Algo así como: "Las palabras que no te dije me visten todas las mañanas y no encuentro ningún pijama que me desnude por las noches para curar tu ausencia".





Victoria Mera.

19/3/10

Una canción a la manera de Bob Dylan.

Voy a escribirte una canción a la manera de Bob Dylan, un huracán de harmónicas flotando en el viento.
Habrá de un elefante blanco de largas patas atravesando el Pont des Arts, como aquel que pintó Dalí. Y alguna chica triste que lee en cualquier café sin nombre, como aquellas que pintaba Hopper.
Flotarán feuilles mortes en el Sena y quizás tu boca me sepa a noche estrellada
Saludaré desde mi corazón coraza a los clochards y brindaremos al son de violines que recuerden a Paganini.
Habrá rayuelas en las aceras y en lugar de piedras lanzaremos suspiros para alcanzar el cielo.
Te contaré un cuento de "estrellas que no lucen sin que vea tus ojos" y de fanstamas que nos devuelvan por una noche a Edgar Allan Poe.
Como con Matilde, voy a abrazarte tan fuerte que no puedas respirar, pero yo no te dejaré huir al río porque como Borges, soy celosa de lo mío.
Por una noche yo seré Rick Blaine y al quitarme el sombrero no pienso pronunciar que "siempre nos quedaré París" porque los dos sabemos que es mentira.
Siempre nos quedará esta canción a la manera de Bob Dylan y el recuerdo de un futuro que quizás, quién sabe, must be blowing in the wind.





Victoria Mera.

17/3/10

Incredulidad.

Nunca creí en las ciencias exactas.
Prefiero imaginar tus átomos enredándose con mi núcleo en algún lugar de esta habitación, sin necesidad de oxígeno para susurrarte que no hay mejor fusión que la de dos cuerpos.

No creo en las matemáticas.
He aprendido que uno más uno no son necesariamente dos y que dos, a veces, se convierten en uno.

Tampoco me fío de la astronomía.
Sólo creo en la constelación de tus lunares y en tu estrella polar, que anda cerca de tu ojo izquierdo -tan cálida y distante.

La única religión que sigo es la de mis pasos. Los mismos que por algún motivo
me han llevado hoy hasta ti y hasta esta ciega incredulidad de medianoche.






Victoria Mera.

10/3/10

Desayuno sin diamantes.

Saber que mañana estaremos aquí,
con café con leche,
con desayuno sin diamantes,
con besos sabor a buenos días.

Y que te encontraré cuando caiga la noche,
con gin tonic,
con diamantes en las sábanas,
con besos sabor a buenas noches.

Cualquier otra certeza, amor,
me sobra hoy entre los dedos.




Victoria Mera.

4/3/10

Confesión de insomnio.

Confieso que en noches de luna llena,
siento una necesidad insana
de arañar momentos pasados
y peinarles los cabellos
con dedos de filigrana.




Victoria Mera.

3/3/10

Pacto.

Tengo el presentimiento de que este poema
no será más que una sucesión de palabras vacías
que ya debí pensar alguna vez
y que deseché al fuego
por miedo al compromiso con el papel.

Quizás por no tener que releer algún día mis palabras,
aquel poema nunca fue escrito
y sólo hoy, cuando ya nada puede herirme,
me atrevo a comprometerme.

Este es el pacto:
No volveré a temer a mis escritos,
mas sí al papel en blanco.




Victoria Mera.