31/10/11

El infinito empieza en ti y acaba en mí.

Ponerle posesivos a tu cuerpo
es como aquel viejo refrán
sobre campos y puertas.
Ya sabes, amor, imposible.

Yo que todo lo nombro,
que delimito fronteras
entre la que se inventa y cree,
me quedo muda ante el mapa de tus poros.

Cómo explicarte que nada es mío
que el vértigo imposibilita
cualquier teoría conspiratoria
sobre la soberanía de tu piel.

Cómo explicarte que no son títulos
lo que en ti busco,
sino tu esencia más pura
la paz de tus gestos
la risa indulgente.

Ponerle posesivos a tu cuerpo
es imposible, amor,
pero hacernos infinitos
no nos costará nada.
Déjame que te explique.




Victoria Mera.

23/10/11

Por qué voy a tener que andar escogiendo mis palabras, manipularlas con guantes blancos, acariciarlas detrás de las orejas y arrastrarlas con dulzura al papel. Por qué no vomitarlas, expulsarlas de mi cuerpo en un grito seco, mandarlas a paseo.

Si aquí es la luna mi custodia y ni tú, ni ese, ni aquel que me mira fijamente existís. En estas cuatro paredes estamos yo y mi papel en blanco. Yo y mi mano. Yo y mi pluma de tinta negra. La misma que va dejando hormiguitas en forma de consonantes y vocales esparcidas por la habitación.

Pero anda que no me voy lejos… Saco una idea del baúl de la memoria y me vienen cientos de ellas. Parece que vinieran unidas, que las pequeñas ideas se aferran con toda su fuerza a la idea central, la idea madre. Y mi mente la incubadora. Y mi boca el paritorio. El asunto es que se pueden parir las ideas con dolor, esto es, a gritos, o también dulcemente, esto es, en susurros. Y esta noche me parece que se viene una de gritar hasta que la garganta diga basta y el alma empiece a tener vértigo.

Victoria Mera.

12/10/11

Milonga del tango mudo.



Siempre quise ser un tango de Gardel.

Sonar en un viejo vinilo de un café vacío
en los arrabales de mis Buenos Aires querido.

Colgarme como un clavel en la solapa
de los bailarines de tejados y noches
y sentir las notas desfilando por mi cuerpo
como un ejército de nostalgias
invadiendo nuevos versos.

Olvidar que la pena se asemeja a un bandonéon
que no todo tango es dolor,
que no todo dolor hace daño.

Quisiera ser un tango de Gardel,
un tango, nada más.

Y que en mi frente florezcan ya marchitas
canciones febriles de cambalache y amor.

Victoria Mera