11/2/14

Tengo anidado un pájaro en el corazón. Un pájaro que con suma delicadeza recoge hojas muertas y pequeñas ramas para colocarlas en el ventrículo izquierdo, donde duermen sus sueños. Este pájaro; alondra, mirlo, gorrión, qué más da, orquesta conciertos dentro de mi pecho y en cada exhalación una semicorchea se me escapa por la boca. A veces, cuando está contento, las partituras llenan el cielo y es fantástico ver a las nubes acomodarse entre la clave de sol y la luna, entre las estrellas y un tímido si bemol.  Pero si el pájaro está triste a mí me cuesta respirar, se me encoge el corazón y su casa se queda pequeña  para tanta batuta. Por eso tratamos siempre estar de acuerdo y cuando el día es gris yo silbo para mis adentros una melodía que el pájaro que tengo anidado en el corazón repite alegremente. Y los pulmones y el corazón se me hinchan tanto que un día de estos van a salírseme del pecho de pura felicidad. Aunque el día sea gris, aunque la única música que suene ahí fuera sea la de la lluvia golpeando en los paraguas, siempre habrá una melodía que nos devuelva  la calma.  


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