20/6/14



Bailar bajo la lluvia. O volar sobre ella. Tengo la impresión de que el  agua siempre está presente cuando las mejores cosas ocurren. Llovemos al nacer. Lloramos lluvia salada. Se llora de tristeza, pero también se llueve de alegría. Y es siempre más grata el agua que contiene en su fórmula algunas moléculas de felicidad.  Nadamos en ella, nos sumergimos en la lluvia y en el agua; en la tormenta y el océano. Cuando nado en el mar me gusta imaginar que en cualquier momento puedo desaparecer, que ese ochenta por ciento de mi cuerpo acuoso va a unirse con el salitre, que acabaré por volver a la orilla en forma de ola mansa. ¿Has soñado alguna vez con ser océano? Venero las tormentas como cualquier otra religión. El presagio, la certeza y siempre, más tarde, la confirmación. Me fascina un cielo eléctrico, aquella nube que llueve y riega los campos impregnándolos de ese inconfundible olor a tierra mojada que es -primer recuerdo y vida. Me gustan los puentes que sirven de vínculo, también aquellos que simplemente sirven para llegar al otro lado. Pero, ¿qué habrá al otro lado? Los puentes a veces tienen forma de interrogación. La calma, el hipnótico movimiento de las ondas del agua arrastradas por el viento. Un beso de película bajo la lluvia. O una película sobre besos de agua. Dejarse llevar por las mareas, recomenzar, nacer de nuevo. En definitiva: beberse la vida. 

6/6/14

Quería ser un personaje literario. Uno de esos que están tan bien descritos que es como si lo conocieses desde siempre. No un personaje secundario. ¿Quién iba a querer ser un segundón en esta vida? Quería ser protagonista. Experimentar el llanto, la rabia, la felicidad, la nada. Quería viajar a Estambul para ver el atardecer. Quería dirigir un ejército de soledades. Quería caminar sobre un fino alambre sabiendo que si caía sólo tenía que seguir leyendo para sentirse vivo. Quería conocer su comienzo y su final. Releerse una y otra vez, hacerse anotaciones a pie de página, garabatear los márgenes de su vida. Necesitaba sentirse escrito. Eludir las sorpresas y el tedio de la incertidumbre de vivir. Sería mejor no jugar tanto a la ruleta rusa. Es más fácil apretar el gatillo de la duda cuando ya se conoce el final. Quería ser un personaje literario para tener la vida bajo control, evitar el miedo, el ayer, el quizá jamás mañana.