6/7/14



Voy a mudarme a Júpiter o a aquel pequeño planeta que ya ni siquiera se estudia en las escuelas. Voy a ponerme un anillo de Saturno en el dedo anular y andaré luciéndolo radiante por toda la vía láctea. Que no, Marilyn, que los diamantes no
 son el mejor amigo de la mujer: lo que se lleva ahora es de otro planeta.

Pasaré las vacaciones de verano en Neptuno, en un chalet con vistas a Mercurio. Evitaré la arena pegada en los pies a toda costa. Los cubitos, las palas y el viento de levante. Cuando comience a morir la tarde, cogeré una estrella del cielo, la lanzaré a la tierra y sonreiré cuando algún niño la encuentre transformada en la orilla. ¿O qué os pensabais?

En invierno iré flotando hasta Venus. Allí no voy a necesitar estufa. Organizaré expediciones a Urano, tomaré el sol en Marte.

De vez en cuando una llamada a la tierra: “Hola, ¿qué tal? I’m floating in a most a peculiar way”, como diría David Bowie. Y colgar rápido porque las llamadas interplanetarias salen realmente caras.

Quizás me compre una nave de segunda mano con combustión de polvo de estrellas para visitar Tritón o Andrómeda. Si tengo frío por las noches me acurrucaré en un cráter de la luna. Dibujaré alguna constelación que me recuerde a la posición de tus lunares y si me da por echar de menos, suspiraré para que las estrellas se vuelvan fugaces.

No creo que allí arriba necesite un pasaporte. Si vienen a abducirme para llevarme de nuevo a la tierra formaré un ejército de alienígenas. Que no, que voy a quedarme un rato flotando por el universo. Lo mismo vuelvo encima de un cometa.

1 comentario:

Martín dijo...

Qué bonito texto, pero recuerda ponerle un paracaídas al cometa cuando vengas de regreso, como hacía el Altazor de Vicente Huidobro. O mejor, baja sin prisa y sin paracaídas sobre una cometa, que así la caída será más placida. Un abrazo.